sábado, 20 de septiembre de 2014

ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL INFIERNO (AS ABOVE SO BELOW)





Por Fabián Quezada León

Scarlett (Weeks) es una arqueóloga que en teoría es políglota y experta en todo lo referente a cuestiones que involucren la alquimia. En  París, Scarlett decide que se va a poner a buscar la legendaria piedra filosofal en las catacumbas que se encuentran en el subsuelo de la ciudad y en las cuales hay enterrados miles de cuerpos. Pero eso no le importa, pues está decidida a y es bastante aferrada.
La citada piedrita como es bien sabido, era un ingrediente primordial de los conocimientos alquimistas. Para poder dar con la piedra Scarlett se alía con su amigo George (Feldman) y juntos descifran  toda una serie de acertijos para trazar su plan.
Obvio no pueden ir solos, así que contactan a una especie de “guía suburbano” un misterioso personaje llamado Papillon (Civil) y a su equipo de “colegas”.
El ecléctico grupo, sin mucho que pensar, se introduce en los pasadizos para irse a topar con las puertas del mismo infierno y confrontar sus más grandes temores en el viaje arqueológico.

En una mezcla de cinta de terror  y algo que quiso ser como la hija de Indiana Jones reloaded,  Scarlett  y su grupo de compañeros se lanzan a un intrincado y en verdad, muy poco sorprendente viaje en medio de pasadizos, acertijos, y efectos de sorpresa estilo “casa embrujada”.
Así en la tierra como en el infierno es una larga colección de clishés, que podrían haber sido mucho menos obvios y más divertidos si se hubiera tomado una dirección correcta; en lugar de haberse perdido arrastrándose de barriga sobre fémures.
Los recursos que se pretende “deben” inquietar al espectador, se presentan para ser de inmediato abandonados a su suerte (perderse sin remedio en los pasillos de las catacumbas?) entre ellos están un extraño coro de personas, quienes aparentemente celebran un ritual y que se dedican a hacer vocalizaciones que tienden peligrosamente al ulular de las películas de terror de los años 60’s, un teléfono que suena en la mitad de una subterránea sala abandonada, un piano con una tecla inservible, un auto en llamas en medio de las catacumbas, un cruzado incorrupto en una cámara mortuoria…. y así nos vamos.
Los motivos por los cuales todos estos elementos aparecen y desaparecen es para, de forma muy colateral e imprecisa ganar tiempo y generar “sorpresa” pero para su desgracia quedan flotando en medio de la nada de la trama y caen bochornosamente en un intento muy poco afortunado de recrear  un montaje de “casa de los sustos” de kermesse de escuela primaria, en el que uno camina y al paso caen intempestivamente los “elementos terroríficos”. Por más que tenga su toque vintage no deja de ser decepcionante.  Así transita la realidad adentro y afuera de la pantalla en esta cinta con una mal formada “espera” de que suceda algo.
Las cámaras  colocadas en las cabezas de los miembros de la expedición hacen su mejor esfuerzo para remitirnos, en un incesante movimiento, a algo tipo “brujadeblairesco” sin lograr llenar con éxito ese espacio que traspasaba la frontera de lo imaginario a lo real en La bruja de Blair.
Así, no obstante el uso de la cámara subjetiva, aunque viajemos con el grupo, en el que sabemos de antemano que van a irse muriendo los participantes, nunca logra establecerse con la audiencia el “cambio de lugar” con el actor. Lo cual es una lástima, porque hubiera sido muy interesante si hubiéramos podido sentir la apremiante falta de espacio en la que se van sumergiendo los protagonistas, poco a poco, en su afán por salir de esa maraña de huesos/pasadizos y adivinanzas simbólicas.
Por fortuna antes de que se siga hundiendo, termina. De la misma inexplicable forma en la que se fueron sucediendo las cosas a lo largo de sus 93 minutos.

Director: John E. Dowdle
Reparto:Perdita Weeks, Ben Feldman, Edwin Hodge, Francois Civil, Roger Van Hool.
País: Estados Unidos
Año: 2014
Género: Suspenso
Duración: 1 hr. 33 min.
Clasificación: Mayores de 13 violencia, terror
Fecha de estreno en México: 18 de Septiembre  

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